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Sitios del Patrimonio Mundial en Chile

Qhapaq Ñan

Sitios del Patrimonio Mundial en Chile

SISTEMA VIAL ANDINO — QHAPAQ ÑAN

Conocido también como el «Camino del Inca», esta extensa red de senderos atraviesa algunas de las zonas geográficas más extremas del mundo –desde montañas y selvas hasta el altiplano– y fue usada por caravanas, viajeros, mensajeros, ejércitos y la población local en contingentes que sumaban hasta cuarenta mil personas.

El Sistema Vial Andino es una vasta red de caminos y estructuras asociadas que, en su época de mayor apogeo, se extendió por casi 6.000 km y conectó a cerca de diez millones de individuos. Construida por el Imperio inca a lo largo de varios siglos, tomó como base los caminos y el conocimiento del territorio de las poblaciones que lo precedieron.

Esta trama vial alcanzó su máxima expansión en el siglo XV, cuando se diseminó a lo largo y ancho de los Andes, en lo que hoy corresponde a territorios de Argentina, Bolivia, Colombia, Ecuador, Perú y Chile.

A pesar de su antigüedad milenaria, la columna vertebral de esta sociedad prehispánica destaca hoy por la gran presencia de sitios arqueológicos y su avanzada ingeniería, la cual puede ser apreciada en el uso de muros, caminos, escaleras, zanjas, sistemas de alcantarillado y desagüe, entre otros, todos los cuales fueron estandarizados para asegurar el control y la reparación.

Inscrito en la Lista del Patrimonio Mundial en 2014 con cerca de 600 km de caminos y casi trescientos sitios, Qhapaq Ñan ha dado un sentido de identidad a las comunidades andinas, las que continúan desarrollando antiguas expresiones culturales y sociales tradicionales a su alero. Por ello, la red es hoy un testimonio excepcional de la historia de la civilización inca, cuyos valores y principios de reciprocidad, redistribución y dualidad fueron la base del singular sistema de organización que llamaron Tawantinsuyu.

OFICINAS SALITRERAS DE HUMBERSTONE Y SANTA LAURA

2005

Por más de ochenta años, dos poblados situados en el desierto de Atacama fueron parte importante de la «fiebre del salitre» que atrapó a Chile durante los siglos XIX y XX. Hoy abandonadas, estas ciudades permanecen como testimonios del nacimiento, desarrollo y declive de una industria minera que, en medio de un territorio áspero, indómito y de difícil habitabilidad produjo grandes riquezas para el país, y donde la lucha de los mineros y sus familias por una mejor calidad de vida dio origen al movimiento obrero chileno.

Inscritos en la Lista del Patrimonio Mundial en 2005, Humberstone y Santa Laura son los sitios mejor preservados y más representativos de cerca de doscientas oficinas salitreras que existieron en el norte de Chile, tras casi un siglo de tradición industrial pampina.

Estos pueblos fantasmas ubicados a 45 km del puerto de Iquique fueron parte de la única industria productora de salitre natural en el mundo durante los siglos XIX y XX, gracias a lo cual transformaron la pampa y abastecieron de fertilizante las tierras agrícolas de Norteamérica, Sudamérica y Europa. Por ello, constituyen un testimonio único del progreso tecnológico y del comercio internacional de su época.

Desde 1872 hasta fines de la década de 1950, miles de personas vivieron y trabajaron en estas oficinas en el desierto de Atacama, uno de los más secos del planeta, para explotar los enormes yacimientos de salitre y producir nitrato de sodio. Trabajadores de Chile, Perú y Bolivia habitaron ambas ciudades industriales en un entorno hostil, en el que forjaron una cultura comunitaria pampina que se distingue por su rico lenguaje, su creatividad, solidaridad y, sobre todo, su lucha pionera por la justicia laboral, que repercutió fuertemente en la historia social y política del país.

PARQUE NACIONAL RAPA NUI

La Isla de Pascua, también conocida como Rapa Nui, Te Pito o te Henua o Mata ki te Ranji en su lengua original, se encuentra en el extremo oriental de la Polinesia, en medio del océano Pacífico y a una distancia de 3.700 km de Chile continental.

Reconocida por su incalculable valor patrimonial, esta tierra de origen volcánico es la isla habitada más remota del mundo. Gracias a ello, es considerada un museo al aire libre y una zona propicia para gran número de investigaciones científicas y culturales.

El Parque Nacional Rapa Nui, que corresponde aproximadamente al 42% de la superficie de la isla, fue inscrito en la Lista del Patrimonio Mundial en 1995 por contener uno de los más notables fenómenos culturales en el planeta: la tradición artística y arquitectónica desarrollada con gran poder e imaginación por una población que permaneció totalmente aislada durante más de un milenio.

Entre los siglos X y XVI, la cultura rapanui construyó altares (llamados ahu) junto a enormes figuras de piedra conocidas como moai, un legado material que se mezcla con el entorno natural para crear un paisaje inigualable. Hoy estas estructuras permanecen como testigos de la historia única de esta cultura legendaria, cuyo colapso llegó como resultado de una crisis ecológica y la posterior irrupción de colonizadores europeos y americanos.

Acompañado por su extenso horizonte y amplia biodiversidad, el patrimonio de Rapa Nui posee otros notables sitios arqueológicos. Uno de ellos es la aldea ceremonial de Orongo, cuya arquitectura fue edificada junto al cráter del volcán Rano Kau, hito paisajístico vinculado a la ceremonia del Tangata Manu u «Hombre Pájaro», que representa la magia y creencias de la isla.

Bastante menos difundidos, y sin embargo muy abundantes, son los testimonios relativos a la forma de vida y sustento de la población original. La inmensa sabiduría nativa en el uso de la piedra está todavía presente en las cuevas, canteras y sistemas de agricultura ancestral llamados manavai o «jardines de piedra».

Finalmente, el patrimonio inmaterial de la isla ha sido preservado directamente por la comunidad originaria a través de su lengua, música, bailes, tradiciones y medicina natural, entre otras manifestaciones.

ÁREA HISTÓRICA DE LA CIUDAD-PUERTO DE VALPARAÍSO

Historic quarter of the seaport city of Valparaíso

Cinco barrios patrimoniales conforman la zona histórica de la «Joya del Pacífico», ciudad-puerto que en el siglo XIX alcanzó su máximo esplendor como centro naviero y comercial de Sudamérica. En la actualidad, su arquitectura única entre los cerros y el mar refleja la tradición cosmopolita e innovadora de aquellos años dorados.

Inscrita en la Lista del Patrimonio Mundial en 2003, el área histórica de Valparaíso es un ejemplo excepcional de la fase temprana de globalización de fines del siglo XIX, cuando la ciudad se convirtió en el nodo comercial líder de las rutas navieras de la costa del Pacífico en Sudamérica.

Ubicado en la zona central de Chile, el puerto tuvo gran importancia en el comercio de la región desde la década de 1880, cuando aprovechó su ubicación estratégica en las rutas marítimas que conectaban el Pacífico con el Atlántico a través del estrecho de Magallanes. A pesar de que su desarrollo e importancia disminuyeron a partir de la inauguración del canal de Panamá en 1914, hoy el puerto mantiene su tejido urbano característico como testimonio de su época de prosperidad.

La zona patrimonial está compuesta por cinco barrios interconectados: el barrio de la iglesia de La Matriz y plazuela Santo Domingo, ubicado entre los cerros y el plan, que posee edificios de fines del siglo XIX con estilo arquitectónico portuario característico; el barrio de plaza Echaurren y calle Serrano, de naturaleza predominantemente comercial, destaca por la presencia del Mercado Puerto, negocios y vendedores ambulantes; el barrio de muelle Prat y las plazas Sotomayor y Justicia, principal eje transversal que abarca los mayores espacios públicos; el barrio de calle Prat y plazuela Turri, junto al pie de cerro, muestra numerosos ejemplos de arquitectura monumental; y el barrio de los cerros Alegre y Concepción, construido por inmigrantes alemanes e ingleses con plazas, miradores, explanadas, callejuelas, escaleras y algunos de los más importantes y tradicionales ascensores funiculares en la ciudad.

Todo el sector construye su personalidad y riqueza gracias a las características únicas de Valparaíso: su particular entorno geográfico y topográfico, su infraestructura, arquitectura urbana, su atractivo turístico y la diversidad de sus habitantes, además de su influencia cultural y artística a nivel mundial.

CAMPAMENTO SEWELL

Construido en 1905 por la compañía estadounidense Braden Copper para explotar la mina de cobre El Teniente, este pueblo enclavado a más de 2.100 m de altura en el cerro Negro conserva decenas de edificios multicolores conectados por escaleras y caminos peatonales, hoy en gran medida no habitados.

Inscrito en la Lista del Patrimonio Mundial en 2006, Sewell destaca por ser un ejemplo único del fenómeno global de las colonias industriales, establecidas en lugares remotos cerca de fuentes productivas. Aunque hoy no tiene habitantes, la primera ciudad del cobre en Chile es un testimonio de los logros alcanzados por la combinación de trabajo local y capital extranjero.

Emplazado sobre el yacimiento El Teniente (la mina subterránea de cobre más grande del mundo), el campamento contribuyó a la difusión global de tecnología minera a gran escala. Sewell es una ciudad industrial de especial originalidad: su presencia en las empinadas pendientes de la cordillera de los Andes ha hecho que sea conocida como «Ciudad de las Escaleras» y «Ciudad Derramada en el Cerro». Esta difícil geografía obligó a crear un diseño urbano orgánico e innovador, caracterizado por su complejo circuito de escaleras y senderos exclusivos para peatones, sin calles, además de espacios públicos construidos en pequeñas áreas abiertas entre los edificios.

A lo largo de su historia, Sewell llegó a albergar a cerca de quince mil habitantes, quienes forjaron una particular cultura, mezcla de costumbres chilenas y estadounidenses. Actualmente se mantienen en pie cerca de cincuenta edificios originales, los cuales ya no son aprovechados como viviendas, mientras que la mina que dio origen al campamento y algunas estructuras que cumplen diversas labores siguen teniendo uso productivo.

IGLESIAS DE CHILOÉ

Inscritas en la Lista del Patrimonio Mundial de Unesco en el año 2000, estas dieciséis iglesias son ejemplos excepcionales de la fusión de tradiciones culturales europeas e indígenas, a través de las cuales agricultores, pescadores y marineros mostraron su talento para trabajar con los materiales presentes en la zona.

Los templos de madera del archipiélago de Chiloé fueron levantados entre los siglos XVII y XX en un estilo arquitectónico único, mezcla de la devoción religiosa de la población con su experiencia en la construcción de embarcaciones.

Aunque Chiloé ya había sido colonizada por los españoles a mediados del siglo XVI, el origen de las iglesias se remonta a la llegada de misioneros jesuitas en 1608, quienes practicaron un sistema de misión rotativa para evangelizar el área: durante el año, los religiosos hacían giras alrededor del archipiélago para acercarse a las distintas las comunidades de creyentes.

Allí permanecían varios días, lo que llevó eventualmente la construcción de los templos en la zona.

Además de su diseño arquitectónico básico (torre, fachada, planta basilical y techo abovedado), estos lugares de culto destacan por el uso experto de la madera, sus sistemas de construcción, sus decoraciones interiores, sus colores tradicionales y las hermosas imágenes religiosas.

El estilo característico proviene de la especialización de los carpinteros chilotes en las técnicas de construcción de embarcaciones, como queda demostrado en las formas y las uniones de las estructuras de la torre y el techo de las iglesias.

Las prácticas sociales de la zona, como las festividades religiosas y la minga (actividad solidaria de trabajo voluntario y colectivo), son también elementos clave de la conexión entre la gente, la geografía y las construcciones. Incluso su orientación y ubicación nacen de la relación de la comunidad con el mar, pues algunas de ellas fueron erigidas sobre colinas para protegerlas de inundaciones y para que sirvieran como punto de referencia a los navegadores.

CRITERIOS DE VALOR UNIVERSAL EXCEPCIONAL

1. Representa una obra maestra del genio creativo del ser humano.

2. Exhibe un importante intercambio de valores humanos, durante un período de tiempo o dentro de un área cultural del mundo, aplicado a la arquitectura, tecnología, obras monumentales, planificación urbana o diseño del paisaje.

3. Es un testimonio único, o por lo menos excepcional, de una tradición cultural o de una civilización.

4. Es un excepcional ejemplo de un tipo de obra arquitectónica, tecnológica o paisajística, que ilustra una o varias etapas del desarrollo humano.

5. Constituye un ejemplo excepcional de un asentamiento tradicional representativo de una cultura, especialmente cuando ella se ha vuelto vulnerable.

6. Está directamente asociada con eventos, tradiciones, ideas, creencias u obras artísticas o literarias de valor universal (el Comité considera que este criterio debe ser usado preferentemente en conjunto con otros).

7. Contiene fenómenos naturales superlativos o áreas de excepcional belleza natural o de importancia estética.

8. Es un ejemplo excepcional representativo de grandes etapas de la historia de la Tierra, incluyendo el registro de vida, procesos geológicos en curso o importantes rasgos geomorfológicos o fisiográficos.

9. Es un testimonio excepcional de procesos ecológicos y biológicos significativos en curso, en la evolución y desarrollo de ecosistemas terrestres, acuáticos, costeros o marinos y de comunidades de plantas y animales.

10. Contiene los hábitats naturales más importantes para la conservación in situ de la diversidad biológica, incluyendo los que contienen especies amenazadas de valor universal excepcional desde el punto de vista de la ciencia y de la conservación.